La historia entre Boca y River es más que una rivalidad deportiva: nació de la inmigración genovesa y se fue forjando en torno a la ribera del Riachuelo. River surgió en 1901 a partir de la fusión de Los Rosales y Santa Rosa, mientras Boca ya respondía al nombre con el que se lo conoce desde 1905. En sus primeros años, el clásico se gestó en la Dársena, con canchas cercanas al puerto; con el tiempo, las mudanzas y los cambios sociales y económicos aportaron distancia emocional y también una maquinaria de marketing cada vez más potente alrededor del duelo.
Hoy, Boca y River concentran la mayor taquilla del fútbol argentino y todo lo que orbita a su encuentro genera una industria considerable. De una población cercana a los 50 millones de argentinos, más de la mitad sigue a estos dos clubes, que trascienden lo deportivo y se ubican como un evento de alcance mundial.
En este nuevo Superclásico, que se jugará desde las 15 en la Bombonera, el empate no favorece a ninguno. Boca llega con 57 puntos y mira de reojo la Tabla Anual, liderada desde el viernes por Rosario Central con 59. River, por su parte, necesita ganar para garantizar su paso a los playoffs y acercarse a la zona de Libertadores. Aun así, River tiene más riesgos por delante: su rival azul y oro tiene múltiples vías para celebrar el título (Liga, Torneo Clausura, Copa Argentina y Sudamericana) y, de ser campeón local, definirá el Trofeo de Campeones ante Belgrano el 19 de diciembre en Córdoba.
¿Quién llega mejor? La lectura se asienta en la regularidad de Boca en este segundo semestre, aunque su gran objetivo era la Libertadores, campeonato en el que quedó eliminado en la fase de grupos ante Universidad Católica. En este ciclo, el Vasco Arruabarrena tomó las riendas tras la etapa de Claudio Úbeda, y eso supuso un mayor grado de autonomía respecto de las decisiones técnicas anteriores.
Boca mostró un tramo de 17 partidos sin perder bajo su conducción, con apenas 3 derrotas en 26 encuentros dirigidos por Arruabarrena. Álvaro Montero se afianzó entre los postes, acumulando 14 vallas invictas. En la última línea, Lautaro Di Lollo recobró confianza y Facundo Herrera aportó seguridad en la defensa, desplazando a Ayrton Costa y Marco Pellegrino.
En el mediocampo, Leandro Paredes se convirtió en el eje del juego; lo rodearon Santiago Ascacibar y Milton Delgado. En ataque, Leonel Flores estalló con iniciativa, Merentiel mostró crecimiento y, en la disputa por el último puesto de la ofensiva, Sebastián Villa y Alan Velasco se disputan minutos.



