La moda circular se viene consolidando en Argentina, y Rosario figura entre las ciudades donde este fenómeno se multiplica ante cada crisis económica. Su historia local arranca a principios de los 2000 con la feria El Roperito y, en los años recientes, retomó impulso, ampliando su alcance con dimensiones económicas y ambientales que apuntan a un consumo más consciente, priorizando la reutilización antes que la descarte.
En la ciudad, la movida de la moda circular encontró un nuevo polo en la Galería Cassini, ubicada en Sarmiento 777, que hoy aloja a casi una decena de emprendimientos. Este corredor comercial, situado en pleno centro, invita a una experiencia que trasciende las paredes de cada local: la ropa circula más allá de sus límites, y durante las mañanas y las tardes de enero, los percheros móviles invaden los pasillos, como si la ropa saliera a buscar a sus dueños.
Economía, diseño y sustentabilidad
Entre las características de este formato destacan la combinación de precio razonable, conciencia ambiental y la posibilidad de reutilizar prendas. A la vez, emergen funciones vinculadas al mundo de la moda que valoran lo vintage desde lo cultural y estético, con piezas exclusivas, curaduría de diseños y la intervención de artistas que, en ocasiones, marcan tendencias en la ciudad.
Un ejemplo es Back to the Future Feria, un local que convoca tanto a personas con necesidad de economía como a aficionados del vintage, que encuentran prendas a partir de 5.000 pesos junto a indumentaria de diseño exclusivo retro. La clientela es diversa: hay compradores que priorizan el aspecto económico y otros que entienden la circularidad y valoran el sentido simbólico y material de una prenda confeccionada hace décadas.
En ese marco, aparece el concepto de “ropa customizada”, resultado de intervenciones artísticas sobre prendas. La emprendedora rosarina busca ampliar el nicho de la moda circular sumando valor agregado y una mirada más amplia al concepto. Se enfoca especialmente en las décadas del 60 y 70 y, aunque gran parte de su stock es vintage, realiza una selección de época y trabaja para otorgarle mayor significado a cada pieza.
La intervención transforma la ropa en un objeto cultural con una carga identitaria. Así como un coleccionista aprecia ediciones limitadas o primeras versiones, para la propietaria cada prenda elegida al vestir se convierte en un elemento que proyecta identidad y memoria.



