Cuando surge la discusión sobre un supuesto atraso cambiario en Argentina, la atención suele centrarse en la cotización del dólar y, sobre todo, en el Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral (TCRM), uno de los indicadores más usados para medir la competencia de un país.
Sin embargo, la experiencia reciente invita a cuestionar la utilidad de evaluar la competitividad solo a través de esa variable. Los datos de comercio exterior muestran que, aun con un TCRM por debajo de sus promedios históricos, las exportaciones registraron una expansión notable y varios sectores alcanzaron máximos de producción, inversión y ventas externas.
El Banco Central define al TCRM como una medida amplia de competitividad-precio, ya que sintetiza la evolución de precios y tipos de cambio frente a los principales socios comerciales. En ese sentido, indica cuánto más caros o baratos resultan los bienes argentinos para los compradores extranjeros. Pero, como cualquier medida cambiaria, no incorpora factores relevantes que afectan la capacidad de competir, como la carga tributaria, costos logísticos, infraestructura, productividad o regulaciones.
Un ejemplo histórico relevante es la crisis de la convertibilidad (2001-2002), cuando el TCRM saltó de un mínimo de 43,8 puntos a un máximo de 106,2 y el índice de cantidades exportadas se mantuvo por encima de las 95 unidades (base 100 en 2004, según el Banco Central). Por el contrario, el índice de importaciones de bienes de consumo cayó de 155,3 a 47,3 puntos. Esa experiencia ilustra que la competitividad no depende exclusivamente del tipo de cambio.
En la actualidad, la discusión se amplía a preguntarse cuánto pesan hoy la carga tributaria, las regulaciones y el acceso a mercados para la competitividad de las exportaciones argentinas. En los últimos años se implementaron cambios regulatorios y fiscales de alcance significativo para el comercio exterior.
Entre las medidas destacadas figuran la eliminación del Impuesto PAIS aplicado a operaciones comerciales, la reducción o eliminación de derechos de exportación para distintos sectores, la disminución de aranceles de importación para numerosos productos y la eliminación del Sistema de Importaciones de la Argentina (SIRA), mecanismo que hasta fines de 2023 administraba y limitaba las autorizaciones para importar. Expertos señalan que estas modificaciones impactaron los costos operativos de exportadores e importadores y, en paralelo, afectaron la competitividad tanto como las variaciones del tipo de cambio.
En este marco, el TCRM mostró trayectoria descendente: promedió 74,9 puntos en el último año de la gestión de Alberto Fernández, cayó a 60 en 2024 y, en los primeros nueve meses de 2026, se ubicó en 56,3 puntos, acercándose a niveles históricos de referencia. Estos datos alimentan el debate sobre la importancia relativa de la política cambiaria frente a las condiciones de costo y acceso a mercados para sostener la performance de las exportaciones argentinas.



