La crisis entre Argentina y Brasil dio un salto sustancial en las últimas 24 horas: la conversación pública dejó de la retórica y entró en la acción. Según reportes, existió un esquema para facilitar la salida de Bolsonaro, involucrando a Flavio Bolsonaro, y el gobierno argentino decidió desafiar la autoridad de la Justicia brasileña. Bolsonaro tenía prohibido abandonar Brasil por una orden del juez Alexandre de Moraes. Técnicamente hay un atenuante: la responsabilidad de hacer cumplir ese mandato recae en el sistema migratorio de Brasil, no en Argentina. Aun así, lo sucedido marca un episodio sin precedentes: las autoridades argentinas no se limitaron a permitir el paso de Bolsonaro, sino que habrían contribuido a su huida.
La decisión de la Casa Rosada no sorprende por mero antagonismo hacia Brasil, sino por su alineación con estrategias de Estados Unidos. Es razonable pensar que Bolsonaro inició su fuga cuando los funcionarios de Donald Trump autorizaron su recepción en Miami. Grupos libertarios argentinos habrían aportado apoyo logístico a esa maniobra de alcance internacional.
Ayer, Bolsonaro se presentó en Miami como el “nuevo presidente de Brasil”; la declaración había sido en parte corregida para ubicarse como “líder de Brasil” tras un fallo tipográfico en un escudo en inglés. ¿Responderá Milei con una postura similar para cuestionar la legitimidad de Lula? Habrá que esperar la posición de Trump, que ha mostrado señales de duda. El mandatario estadounidense parece balancear entre reconocer la reelección de Lula y no admitir una derrota en el plano latinoamericano. Canadá y México, por su parte, no aportan un alivio claro a las posturas de Buenos Aires o Washington.
Milei mostró, una vez más, la paradoja de la política: al ayudar a Bolsonaro a evadir la Justicia, podría haber generado un beneficio para Lula a largo plazo. El exiliado senador brasileño en Estados Unidos podría acelerar un proceso de renovación en la derecha, con posibles efectos para una oposición más dialoguista frente a un gobierno del PT que, pese a todo, mantiene una mayoría parlamentaria importante. Ya circulan indicios de fisuras en ese tablero, entre ellos movimientos en São Paulo, que alertan sobre un realineamiento que todavía no está definido.



