Ricardo Ragendorfer acompasa sus relatos con la precisión de la crónica policial para chartar personajes, escenarios y atmósferas que permiten reconstruir episodios reales vinculados al delito en el mundo del arte en Argentina. Sus textos no nacen de invención: lo que narra sucedió en las últimas décadas y el periodista captura el aura y el misterio que rodean esos hechos. Robo y falsificación de obras de arte en la Argentina –su debut editorial, publicado en 1993 por Letra Buena y hoy reeditado por Punto de Encuentro– reúne ocho casos significativos de robos y falsificaciones ocurridos en el país.
El libro circuló muy poco después de su estreno: se agotó a poco más de un año y la editorial dejó de existir, por lo que algunas copias aún se consiguen en ferias de usados. Ragendorfer plantea una dialéctica interesante: por un lado, la pulsión desbordada de coleccionistas, fetichistas y falsificadores que alimentan un circuito clandestino; por el otro, la frialdad del oficio de robo por encargo. En su labor periodística, el autor aporta datos, hechos y nombres para desandar la trayectoria de los delitos más resonantes vinculados al arte.
Uno de los hitos centrales es el robo al Museo Nacional de Bellas Artes, ocurrido el 26 de diciembre de 1980, en pleno régimen militar: 16 obras pictóricas y siete objetos de arte fueron sustraídos, con un valor estimado en 25 millones de dólares y jamás recuperados. En la época de la publicación, pocas investigaciones periodísticas existían sobre ese episodio, y Robo y falsificación vino a romper ese silencio. Con el tiempo se sumaron otros trabajos, como Golpe en el museo, de Imanol Subiela Salvo, en los que el periodista profundiza a partir de múltiples voces para reconstruir el hecho.
A lo largo de las páginas desfilan coleccionistas excéntricos, falsificadores obsesivos, traficantes sin escrúpulos, intermediarios, aseguradoras oportunistas y figuras vinculadas al poder político y económico. Ragendorfer aporta cifras reveladoras: alrededor de 50 mil obras desaparecen cada año en el mundo; si esos cuadros robados se reunieran en un museo, ese museo sería de los más completos del planeta; el circuito clandestino del arte robado figura entre las tres actividades más lucrativas de la última década, detrás del tráfico de armas y de drogas; y Argentina figura entre los cuatro países con mayor producción de obras falsas.
El ensayo destaca que la falsificación en el país posee una historia larga: durante décadas, en ciertos ámbitos de la élite ganadera, estancias mostraban pinturas que aparentaban ser auténticas aunque eran copias de baja calidad. Cuando se descubría...



