El básquetball puede ser mucho más que un juego de pelota, dos aros y un marcador: es también una mezcla de pases imposibles, saltos que desafían la gravedad, lanzamientos extravagantes y risas que se funden con el aplauso. En octubre de 1971, los Harlem Globetrotters llevaron esa fórmula a distintos destinos y, por unos días, Tartagal quedó incluido en su itinerario.

El martes 19 de ese mes, el diario El Tribuno informó con un titular directo: “Los Globetrotters en Tartagal”. El show estaba señalado para esa misma noche, a las 21:30, en la cancha del Club Newell’s Old Boys. Horas antes, la delegación había actuado en la capital provincial, en el Salta Club, ante una audiencia considerada amplia por el diario.

La cobertura periodística subrayó que no se trataba sólo de la llegada de un equipo extranjero, sino de un grupo que convirtió la exhibición en un formato propio, con jugadas de alta factura y protagonistas que convertían el juego en una experiencia de entretenimiento. Además, se enfatizó la relevancia de Tartagal en el mapa deportivo de la región: “Tartagal puede considerarse con justa razón uno de los bastiones del baloncesto salteño”, decía la nota, que destacaba el esfuerzo conjunto de las autoridades deportivas y la Dirección de Deportes y Cultura Física para hacer posible la función.

La presentación se describía como un privilegio, señalando que “es un espectáculo reservado a muy pocas ciudades del país”, y se anticipaba una concurrencia considerable: “estará presente en pleno esta noche en el estadio de Newell’s”. Las entradas costaban 15 pesos para plateas y 10 para populares; la venta se inició temprano y continuó durante la tarde en el lugar del evento. La delegación viajaba en ómnibus y tenía previsto alojarse en el Hotel Espinillo. Así, la visita no era una escala cualquiera, sino una parada en una ciudad con historia, público y arraigo basquetbolero.

Para entender lo que prometía aquella noche hay que remitirse a la crónica que El Tribuno publicó el 20 de octubre sobre la actuación del lunes en Salta capital. El texto, con el título “El Gran Espectáculo del Año”, describe la experiencia de los espectadores como un efecto casi mágico, usando la expresión “magia negra” para referirse al impacto, aunque aclaraba que no se trataba de magia en su sentido tradicional, sino del encanto y la sorpresa que generan las maniobras de los jugadores.