En el distrito, productores, gremios y legisladores debaten el rumbo del rodeo bovino ante el actual contexto de precios. Se propone mirar hacia atrás para entender qué se hizo y qué falta, definir metas claras y capitalizar este momento favorable con acciones concretas en el terreno.

Las cifras disponibles señalan que el stock pasó de 401.954 cabezas en 2006 a 255.280 en 2026, lo que implica una caída del 36%.

El criador local mantiene índices productivos destacables: el ternero por vaca, promedio de los últimos 20 años, fue 78; en la campaña más reciente alcanzó 82, situándose por encima de la media nacional. Para sostener y mejorar ese rendimiento, se destacan inversiones en planes forrajeros, sanidad y genética, además de facilitar el acceso a créditos a largo plazo con tasas razonables.

Una revisión de la serie histórica revela que la caída del stock se acentuó entre 2006 y 2010, en un contexto de cierre de exportaciones y controles. Luego, tras la eliminación de trabas a partir de 2015, el stock volvió a crecer. Con el regreso de ciertas restricciones desde 2019, el crecimiento se frenó y la caída se reanudó.

Los interlocutores coinciden en que la ganadería genera empleo genuino y movimiento económico en cada localidad del interior. Por ello, insisten en definir un plan a 10 o 20 años, con errores y aciertos, pero con continuidad.

El texto subraya que, para volver a poner al rodeo en una senda de crecimiento real, es necesario un marco de acción claro que convoque a productores, gremios y autoridades, con metas de mediano y largo plazo y una visión compartida sobre el uso de recursos, inversiones y financiamiento.