El Gobierno presentó el Fondo de Asistencia Laboral (FAL), que entra en vigor el 1° de diciembre, como una pieza central de la reforma laboral. Se promociona como una herramienta clave para generar empleo sin costos para las empresas, ya que el aporte al fondo se descontaría de las contribuciones patronales que hoy ingresan. A la vez, advierten que la medida afectaría de manera sustancial los recursos de la Seguridad Social.

Sin embargo, el FAL no es el único factor que tensiona el sistema previsional. Desde la asunción de Javier Milei, se registraron cerca de 300.000 empleos formales menos, una caída que se acentuó con la reforma laboral y que se acompañó del traspaso de parte de esos puestos al régimen de monotributo. A ello se suma que, en la Ley de Bases, se aprobó la reducción de multas por no registrar a los trabajadores, lo que elevó la informalidad.

La pregunta central, que nadie en el oficialismo encara de forma directa, es qué ocurrirá con las jubilaciones.

Para dimensionar el alcance, CEPA calculó cuánto le costaría al sistema previsional el FAL y cuánto representa el crecimiento del empleo sin aportes. El resultado es contundente: entre el FAL y la informalidad asociada, la Seguridad Social dejaría de ingresar aproximadamente USD 5.065 millones por año.

Promesas de mayor empleo y el auge del monotributo

Durante el debate de la reforma, dirigentes oficiales aseguraron que la combinación de la Ley Bases, el FAL y la reforma laboral encaminaría a las empresas a contratar sin temores. Ocho meses después de su sanción, los datos muestran lo contrario y cada componente impacta directamente la caja de la Seguridad Social.

En síntesis, hay menos trabajadores registrables, más monotributistas que aportan mucho menos, más ocupación en negro y salarios estables. Todo ello repercute en la matriz de ingresos previos a que el FAL empiece a descontar aportes.

Qué aporta el FAL

La normativa dispone que las MiPyMEs destinen al FAL el 2,5% de las remuneraciones y el resto de los empleadores privados, 1%. Esos fondos se sustraen de las partidas que hoy financian el SIPA, PAMI, el Fondo Nacional de Empleo y las Asignaciones Familiares. En otras palabras, cada peso que va al FAL deja de ingresar al sistema que financia jubilaciones, pensiones y asignaciones.

Las proyecciones, a valores de noviembre de 2026, muestran que en el primer año el FAL reduciría la capacidad de la Seguridad Social en 4,3 billones de pesos (aprox. USD 2,785 millones), y en el segundo año la caída llegaría a 4,7 billones (alrededor de USD 3,024 millones). En promedio, la merma sería de unos 373.000 millones de pesos mensuales, con picos en los meses de aguinaldo.

Para dimensionarlo, la caída del primer año equivale a unas 744.000 jubilaciones mínimas anuales, con aguinaldo incluido.