Esta mañana realicé un monitoreo de un maíz de primera en la zona centro-norte de Santa Fe, en el estadio V4. De 50 plantas inspeccionadas, hallé dos ninfas de Dalbulus maidis. En otras 200 plantas, la mitad presentó daño de la isoca cogollera (Spodoptera frugiperda) en un híbrido Bt que expresa Vip3Aa20. La escena, con un buzo y frío en pleno octubre, contrastó con lo que suele esperarse de una primavera templada, y pese a todo quedé con optimismo.
La experiencia de la campaña 2023/24 nos dejó claro que la chicharrita debe monitorearse durante todo el año, no solo en el momento de siembra. Por ello, además de atender la información de la Red Nacional de Dalbulus maidis, varios asesores empezamos a generar datos locales: trampas amarillas, recuentos de adultos y ninfas en plantas, y análisis de la capacidad de transmisión de patógenos.
En la región, tras la crisis pasada, la campaña invernal 2024 registró más de 165 días sin capturas de Dalbulus; en 2025 fueron 105 días. En 2026, no se registraron periodos sin capturas, lo que evidencia que el insecto puede comportarse de manera muy diferente de un año a otro y que la reproducción local puede ocurrir cuando sobreviven las poblaciones. Estos indicadores no anticipan una epidemia, pero muestran que la plaga puede volver a aparecer con distinta intensidad y distribución.
La presencia de ninfas en maíces de primera y en híbridos guachos señala reproducción local: los adultos que sobreviven al invierno encuentran allí condiciones para reproducirse. Dos ninfas no son una catástrofe en sí, pero importan cuántos insectos hay, cuándo llegan, qué proporción porta patógenos y qué maíces encuentran. Además, un insecto portador no siempre es transmisor activo; el monitoreo ayuda a distinguir una señal de alerta de una amenaza real, evitando decisiones tomadas por miedo.
La sorpresa con el cogollero fue mayor. El daño observado alcanzó grado 3 en la escala de Davis (raspado tipo ventanita o alargado en las hojas del cogollo). Verlo en la mitad de las plantas de un maíz de primera es llamativo, y con el frío actual la isoca no cede fácilmente, manteniendo la voracidad. En la campaña anterior ya habíamos visto daños mayores en híbridos con Vip3Aa20. La biotecnología Bt sigue siendo valiosa, pero no basta para prescindir del monitoreo: sin vigilancia no sabremos si conviene complementarla con insecticidas. Y el cogollero no espera: en maíz tardío, demorar seis días una aplicación puede reducir el control del 90% al 58%, según datos de la Estación Experimental Obispo Colombres.
Dalbulus y Spodoptera plantean retos distintos. Uno exige vigilancia continua y consideración de paisaje, hospedantes y ritmos epidemiológicos; el otro requiere controlar antes de que la larva entre al cogollo y seguir atentos en sus estados reproductivos. Aun así, comparten la pregunta clave: con qué información estamos tomando las decisiones?
La fascinación por la inteligencia artificial y los modelos predictivos es real, pero ningún algoritmo reemplaza la experiencia de campo y la observación directa para orientar acciones.



