En México, mientras Lula da Silva y Axel Kicillof asistían a la toma de posesión de Claudia Sheinbaum como primera presidenta mujer, se confirmó la noticia que más molestaba al brasileño: Milei viajaría a Río de Janeiro para la cumbre del G20 en noviembre de 2024. La escena entre Lula y Milei fue, según fuentes, tensa y silenciosa.
La conversación dejó al descubierto otra noticia: la logística para la salida de Flávio Bolsonaro, apoyada por integrantes de la SIDE de Santiago Caputo, elevó las tensiones a un nuevo límite. Según una fuente oficial, Caputo coordinó un operativo que exhibió al gobierno y a la SIDE en plena luz del día, en un viaje de Milei hacia las Cataratas del Iguazú.
En la obra El mago del Kremlin, de Giuliano da Empoli, el personaje Vadim Baranov –inspirado en Vladislav Surkov– viaja en secreto a zonas de conflicto y diseña una estrategia de guerra híbrida para dirigir una “democracia tutelada”. El paralelo, desde la visión de la crítica literaria, alude a una política que depende de la simulación y la influencia, hasta que la fuerza militar impone la realidad. En la cobertura real, la tensión entre actores políticos y la violencia en el terreno difuminan cualquier intento de control absoluto.
Desde el gobierno, el silencio fue la respuesta oficial ante el tema. Mientras tanto, el debate público crecía: Brasil anunció la retirada de su embajador y solicitó el retiro del embajador argentino; el canciller argentino Pablo Quirno comunicó la decisión a través de redes.
Milei intenta fortalecer la relación con Estados Unidos, especialmente con el entorno de Donald Trump. En un escenario electoral en EE. UU., un revés para el Partido Republicano podría complicar aún más la estrategia argentina de alinear el hemisferio con una derecha afín. Por su parte, el Departamento de Estado habría estado al frente de la coordinación que permitió la salida de Bolsonaro, aunque el propio Trump marcó distancia, afirmando que no se involucraría.
Aún falta que el embajador designado de EE. UU. en Brasil, Daniel Pérez, reciba el placet formal de Brasil. Según una fuente en Washington, el triunfo de Lula impactó especialmente porque Pérez apostaba a la victoria de Bolsonaro, y la perspectiva cambiante ha generado dudas en las futuras gestiones entre ambos países.



