La cuestión de la ansiedad ante la inteligencia artificial dejó de ser una preocupación marginal para ganar espacio en las consultas de salud mental, respaldada por datos recientes. En una encuesta del Pew Research Center realizada en 2026 entre más de 3.400 adultos en Estados Unidos, el 52% afirmó sentirse más preocupado que entusiasmado por el avance de la IA en la vida cotidiana, frente al 37% que manifestó esa misma inquietud en 2021.
El fenómeno tiene un nombre propio: ansiedad por IA. Según una nota citada por el Washington Post, los especialistas en salud mental advierten que esta inquietud llegó para quedarse. Entre los temores que circulan figuran desde perder el empleo hasta la dificultad para distinguir lo que una máquina fabrica de lo que es real, y los terapeutas ya proponen respuestas para quienes la padecen.
La psiquiatra Tracy Foose, que trabaja en el Área de la Bahía de San Francisco, relató una experiencia personal ligada a esta preocupación. Al empezar a publicar videos en redes, algunos seguidores especularon en que sería una influencer generada por computadora. Aunque al principio le resultó un halago, su investigación posterior la condujo a descubrir la existencia de numerosas compañías que ofrecen la creación de dobles digitales capaces de imitar la voz y la cara de cualquier persona.
“Me di cuenta de que alguien podría hacer un video que se apropie tan completamente de mi imagen, mi voz, mi cara, que incluso yo podría creer que soy yo”, afirmó al Washington Post. Lo que empezó como reconocimiento se convirtió, para ella, en una suerte de terror existencial.
La experiencia de Foose no parece aislada. Sha Sajadieh, quien coordina el Índice de IA en el Instituto Stanford para la IA Centrada en el Ser Humano, comentó a la publicación que una mayor exposición a la tecnología genera un doble efecto: entusiasmo y alarma, casi en proporciones iguales. “Con una adopción más amplia viene una mayor comprensión de lo que esta tecnología es capaz de hacer, lo cual puede ser muy emocionante para muchos, pero también puede resultar abrumador al pensar en impactos a largo plazo”, señaló.
Un informe de Pew publicado en 2025 refuerza esa tensión: alrededor del 75% de los estadounidenses admite que la IA puede ayudar en tareas cotidianas, pero más de la mitad considera de alto riesgo su impacto social.
La discusión se volvió más intensa la semana pasada cuando un investigador de Anthropic —la empresa detrás del asistente Claude— publicó en X una advertencia sobre una probabilidad superior al 10% de que “la IA podría matar a todos los humanos”. Hasta ese momento, las preocupaciones por una inteligencia superior que domine el mundo habían sido, en gran medida, un tema de especialistas; Sajadieh aclaró que, en la práctica, la mayoría de las angustias asociadas a la IA son más inmediatas: “más reales aquí y ahora”.
Entre esas preocupaciones, la pérdida de empleo aparece como la más extendida. Vaile Wright, psicóloga y directora sénior de innovación en salud, subraya la necesidad de respuestas claras y de abordar la ansiedad desde la clínica, con foco en cómo enfrentar los cambios laborales y las posibles consecuencias de la exposición sostenida a estas tecnologías.



