Daniela Spalla nació y se crió en una familia numerosa de Córdoba. Su acercamiento temprano a la música vino por medio de su hermana mayor, que le traía CDs de Ace of Base y Roxette para compartir. Con el tiempo, las clases de guitarra se volvieron parte de su rutina y sus padres, al ver cuánto se quedaba practicando, entendieron que había algo más profundo ahí. A partir de ese vínculo, ella fue consolidando una relación sólida con la música y con el oficio.

La pregunta sobre cuándo se dio cuenta de que podía vivir de esto aparece ligada a una imagen popular: ver la industria desde adentro, en programas y making ofs de MTV, y darse cuenta de que los artistas eran personas comunes que manejaban sus cosas cotidianas. Ese descubrimiento le dio la certeza de que era posible convertirlo en una carrera. Sus padres la respaldaron desde el primer momento.

Tras terminar la secundaria, decidió mudarse a Buenos Aires. En esa etapa de su vida grabó un disco de jazz y empezó a presentarse en vivo. Su primer proceso de composición incluyó una canción dedicada a su abuela, que estaba pasando por Alzheimer; esa experiencia la movilizó de forma significativa y dejó huellas en su repertorio. El trayecto entre Córdoba y la capital fue, para ella, una experiencia de aprendizaje y de crecimiento emocional: viajes nocturnos en colectivo, cruces de la Panamericana que amanecían, sensaciones que alimentaron sus primeras historias.

El recorrido por el circuito independiente en Argentina no fue lineal: Spalla transitó siete años buscando identidad dentro de ese universo, sin abandonar la convicción de seguir adelante. En 2010, todo dio un giro decisivo cuando Ximena Sariñana la invitó a México. Allí encontró una escena de cantautoras en plena efervescencia y una industria receptiva que, en cuestión de semanas, le permitió resolver avances que en Argentina le habían llevado más tiempo conseguir. Esa chispa mexicana aceleró su desarrollo y consolidó un vínculo sólido con ese país, así como con su tierra natal.

Hoy, Daniela Spalla está a punto de lanzar un nuevo álbum y acaba de conocer su segunda nominación a los Latin Grammy. En su mirada sobre su propio recorrido, destaca la dinámica entre Argentina y México como dos contextos creativos complementarios: una base arraigada en su Córdoba natal y una apertura que encontró en la escena mexicana. Sobre su materia prima literaria, subraya que el desamor continúa siendo una fuente de inspiración y motor para la escritura, una constante que acompaña su proceso creativo y su evolución como artista.