La calificación AA- de Meta continúa vigente, pero su outlook fue movido de estable a negativo por la agencia S&P Global Ratings en una decisión anunciada el viernes. El cambio implica un aviso sobre la posibilidad de que la empresa reciba una rebaja de nota en los próximos dos años, aun cuando la calificación permanece en un rango alto dentro del grado de inversión.

S&P señaló que la capacidad de Meta para monetizar sus inversiones en inteligencia artificial es más limitada que la de sus competidores y que persisten incertidumbres sobre cuándo los ingresos derivados de estas iniciativas superarán los costos en curso. El reporte subraya que aún no hay certezas sobre el momento en que las nuevas herramientas de IA generarían beneficios suficientes para justificar el gasto.

La medida llega en un contexto de mayor escrutinio por parte de inversores hacia las inversiones multimillonarias que las grandes tecnológicas destinan a ampliar sus capacidades de IA. En ese marco, Meta ha intensificado sus desembolsos en centros de datos, en infraestructura energética y en tecnologías vinculadas con IA.

Según las proyecciones de S&P Global Ratings, el gasto de capital de Meta podría ubicarse en unos 140.000 millones de dólares para 2026 y superar los 225.000 millones de dólares en 2027. La magnitud de estos compromisos genera preguntas sobre el tiempo que tomará recuperar la inversión en desarrollo tecnológico.

El informe de la agencia advierte que la incertidumbre respecto a los ingresos futuros dificulta determinar cuándo las nuevas herramientas de IA podrán aportar beneficios sustanciales para cubrir sus costos. Además, señala un aumento en el apalancamiento financiero de la compañía, que podría superar el 1,0 múltiplo para 2027, frente a aproximadamente 0,1x en 2025, lo cual ejercería mayor presión sobre su salud financiera.

Meta también reportó compromisos de gasto futuros que superan los 800.000 millones de dólares, de los cuales una parte importante corresponde a contratos de arrendamiento de centros de datos e infraestructura energética.

Tras la decisión, Meta manifestó su desacuerdo con las conclusiones de S&P Global Ratings, señalando diferencias respecto a la evaluación de su capacidad para monetizar inversiones en IA y la rentabilidad futura de esos desarrollos.