El argentino Efraim Davidi, profesor e investigador de la Universidad de Tel Aviv, lleva 22 años en esa casa de estudios y podría ser despedido por motivos políticos. Davidi es figura de Hadash, la alianza judeo-árabe de izquierda integrada en la Lista Conjunta, que tras el proceso electoral del martes pasado logró convertirse en la cuarta fuerza del país en la Knesset. En esta conversación, el docente analiza el panorama que se abre después de los comicios y se muestra optimista: espera que se forme una coalición amplia para frenar la guerra.
Aun con desgaste político, las denuncias sobre fallas del 7 de octubre, la guerra en Gaza, la crisis en Cisjordania y el aislamiento internacional, Netanyahu parece salir fortalecido. Si se mirara desde una democracia normal, su resultado podría interpretarse como una derrota por verse por encima del 20% de votos; sin embargo, terminó al frente y su bloque de ultraderecha no está lejos de poder armar nuevamente un gobierno. ¿Qué opinión tiene Davidi respecto de ese escenario?
Para Davidi, no es así. En Israel los gobiernos funcionan con coaliciones y, de los 120 legisladores de la Knesset, se requieren 61 para gobernar. El Likud y su bloque de extrema derecha suman 53 escaños; el resto está en la oposición. Ese bloque, antes de la elección, contaba con 68 diputados. En este marco, la sorpresa la da la Lista Conjunta, integrada por Hadash y el Frente Judeo-Arabe de izquierda, junto con dos partidos árabes. Acumulan 11 bancas; Ra’am suma 8. Es un hecho histórico y sin precedentes. El punto central es si la oposición sionista puede sumar a la Lista Conjunta y a Ra’am. Si están dispuestos a abandonar lo prometido en campaña para formar un gobierno realmente democrático, en palabras de Hadash “un Israel judío, árabe y democrático”; si aceptan este rumbo, Netanyahu podría irse. Si no, podrían repetirse elecciones en un plazo de dos meses con resultados que, a su juicio, no serían muy distintos.
A pesar de la discriminación, la tragedia en Gaza y Cisjordania, y el tono racista de varios ministros, la participación de los árabes israelíes fue histórica en favor de la democracia. A excepción de Yair Golan, la oposición se resiste a forjar un gobierno junto a ellos. En términos de democracia liberal, vetar a ciudadanos por su origen resulta incomprensible e inaceptable. ¿Cómo interpretarlo? En la conversación, Netanyahu, el día de la elección, dedicó gran parte de la mañana a afirmar que los votos árabes no eran válidos; una señal de la reacción del establishment frente a más del 20% de la ciudadanía. El bloque Democratim (ex laboristas y ex Meretz) declaró que está dispuesto a evaluar posibles acuerdos para avanzar en esa dirección.



