Un informe conjunto de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y la Oficina de las Naciones Unidas para la Cooperación Sur-Sur (UNOSSC) muestra que el comercio entre economías en desarrollo se convirtió en una porción significativa del comercio global y que su crecimiento ha tenido una geografía cada vez más concentrada en Asia. En 2025, el comercio Sur-Sur alcanzó aproximadamente 7,2 billones de dólares, representando el 27,8% de las exportaciones mundiales de mercancías, frente al 14,3% que registraba en 2005.
A lo largo de dos décadas, el intercambio entre economías en desarrollo se multiplicó por 4,8, mientras que el vínculo entre economías desarrolladas y en desarrollo creció 2,5 veces. Este avance subraya un cambio sostenido en la configuración del comercio global, con una fuerte concentración en Asia.
El desglose regional ilustra el desequilibrio: en 2025, el comercio intrarregional entre las Américas en desarrollo fue de unos 203.000 millones de dólares, frente a 356.000 millones en exportaciones desde esa región hacia Asia. En contraste, el comercio interno entre economías en desarrollo de Asia alcanzó los 5,5 billones de dólares.
La OMC identifica a América Latina y el Caribe, junto con África, como regiones con un amplio margen para ampliar la integración comercial entre economías en desarrollo. Fuera de Asia, gran parte del Sur-Sur opera con vínculos más intensos hacia Asia que entre las regiones entre sí.
El potencial de crecimiento regional está condicionado por obstáculos que van más allá de los aranceles. Según el informe, los costos del comercio en economías en desarrollo siguen siendo casi un 30% más altos que en economías de ingresos altos. Entre los factores que explican esa brecha se señalan diferencias regulatorias, medidas no arancelarias, acceso limitado al financiamiento del comercio y debilidades en infraestructura de calidad.
La conectividad aparece como elemento central: para una integración regional más profunda se requiere mejorar procedimientos de tránsito, avanzar en la armonización regulatoria y fortalecer las conexiones transfronterizas y las cadenas de valor regionales. En términos logísticos, esto implica reducir fricciones en fronteras, aumentar la previsibilidad de los movimientos y facilitar operaciones que hoy pueden verse obstaculizadas por diferencias normativas o infraestructuras insuficientes.
El crecimiento del comercio entre países en desarrollo también se asocia a la necesidad de construir cadenas de suministro más resilientes frente a interrupciones externas. El informe señala que los shocks recientes vinculados a conflictos, cambios geopolíticos y eventos climáticos han incidido en estas dinámicas y remarcan la urgencia de avanzar hacia una mayor integración regional para fortalecerse ante futuras perturbaciones.



