El domingo, pasadas las 21, el peronismo vivió un ambiente de alivio y festejo, no por un triunfo local sino por la remontada de Lula da Silva frente a Flávio Bolsonaro y la confirmación de su continuidad en Brasil. En medio de tensiones internas y sin un candidato claro para competir con Javier Milei en 2027, la victoria de Lula fue recibida como si fuera propia por varios sectores.
La celebración no se limitó a mensajes de felicitación: desde el kirchnerismo, pasando por el massismo, hasta el entorno de Axel Kicillof, se comenzó a estudiar qué hizo funcionar a la campaña brasileña. Se puso el foco en el uso de redes sociales, la movilización de jóvenes y mujeres, y ya hay voces que evalúan replicar algunas herramientas digitales empleadas en Brasil.
Entre las figuras más destacadas del espacio, Cristina Kirchner, Sergio Massa y Kicillof expresaron un optimismo que coincide en una lectura política: un liderazgo tradicional logró imponerse en un escenario altamente polarizado frente a un candidato alineado con Donald Trump. Sin embargo, las interpretaciones sobre qué aprender de esa experiencia divergen dentro del propio movimiento.
En la provincia de Buenos Aires, los cercanos al gobernador subrayaron la necesidad de avanzar hacia la unidad para las elecciones de 2027, consideraron que la reunión del jueves pasado fue “un paso más” en la construcción de un frente amplio y enfatizaron la importancia de ser lo más amplios y generosos posibles. A la vez, advirtieron sobre las dificultades de articular una estrategia electoral sin reglas claras ante cuestionamientos al Gobierno por cambios en el sistema electoral.
Por otro lado, en torno a Massa se habla de una “inyección emocional” para el peronismo y su red de alianzas. Pero se insiste en que la enseñanza central de Lula no fue solo sobre táctica, sino sobre la capacidad del PT para sostenerse en el poder mediante una construcción política amplia.
Desde el Frente Renovador destacan que Lula logró formar una coalición que excede a su partido, incorporando dirigentes del centro, la centroderecha y aliados locales con posturas diversas. Esa dinámica, reconocen, aún no se ha replicado en el peronismo argentino.
“Mantener la unidad en el marco de la diversidad es un objetivo pendiente”, señalan cerca del ex ministro de Economía. Añaden que ese modelo exige liderazgos comprensivos, no hegemónicos, una lectura que se observa entre las tensiones del Partido Justicialista (PJ).
Las diferencias internas persisten. Kicillof busca una alternativa nacional, Cristina mantiene su influencia en el kirchnerismo y Massa sostiene su estructura política, en un marco de debate y discrepancias que continúan al interior del movimiento.



