Confirmaron el fallecimiento de Patrick Stewart el miércoles 29, a los 86 años, tras las secuelas del Alzheimer. En la pantalla dejó marcas imborrables: fue el Capitán Jean-Luc Picard en la saga de la Enterprise y, fuera de ese universo, el Profesor Charles Xavier de los X-Men. Esos dos roles bastaron para convertirlo en una de las figuras más destacadas de la ciencia ficción mainstream y, desde esa base, revitalizaron una franquicia que miraba hacia el futuro.

Stewart siempre se mostró alineado con posturas políticas y sociales. Él mismo se define como socialista y destacaba, como eje de su carrera, los mensajes comprometidos que transmitía en pantalla. Incluso vinculó su trayectoria teatral—con Shakespeare como gran amor—con la preparación para su personaje en la Enterprise, dando a entender que el arte y la militancia iban de la mano.

A nivel personal y público, sostuvo una postura de defensa de múltiples causas. Se autodefinía feminista y humanista y participó activamente en campañas contra la violencia de género, recordando las experiencias de maltrato que sufrió su familia en la infancia. También promovió la cobertura de salud mental para ex combatientes, defendió el derecho a una muerte digna y abogó por la libertad religiosa, pese a declararse ateo. A partir de ahí, fortaleció la idea de participación política y derechos sindicales, y hasta se involucró en la dirección de la academia de captación de jugadores para el Huddersfield Town. Además era un entusiasta de los autos y participó en carreras informales.

Nacido en una vivienda humilde de los suburbios de Yorkshire, Stewart vivió violencia familiar y dejó la educación formal a los 15 años para dedicarse al teatro. Sus primeros trabajos se apartaron de lo convencional: trabajó como periodista en un diario local, redactando obituarios y cubriendo eventos que, muchas veces, no llegaban a los titulares. Cuando las coberturas se superponían con los ensayos, solía improvisar o convencer a compañeros para cubrirlo; terminó buscando un escenario alternativo en una mueblería, donde el contacto con clientes le ofrecía oportunidades para ensayar. Sus habilidades eran notables, y según historias de la época, vendía muy bien.

A los 19 años, consiguió su primer papel profesional en el Theatre Royal de Bristol, en Cyrano de Bergerac, camuflándose entre el público. En 1966 se incorporó a la Shakespeare Company, donde permaneció hasta 1982, alternando con roles menores en la TV británica. El verdadero despegue llegó con una serie que otros dudaban, Star Trek, que ya era un hito; él no sabía cuán decisivo sería ese relanzamiento. Su amigo y colega, ...