La reciente felicitación de Mauricio Macri a Lula da Silva por el triunfo en Brasil evidenció una brecha entre el PRO y el espacio de Javier Milei. Detrás de ese gesto hay una discusión más profunda sobre cómo podría evolucionar la relación entre ambos actores y qué condiciones serían necesarias para competir juntos en las elecciones de 2027.
Una fuente del PRO cercana a las negociaciones aseguró que la posibilidad de una alianza genera cada vez más dudas, y que aún falta definir la arquitectura electoral. Advirtió que un acuerdo sin condicionantes podría implicar menos poder en las provincias, menor representación y menor margen para discutir candidaturas. Por eso, la estrategia presente es evitar tratos apresurados, ordenar la estructura del partido en cada provincia y conservar las herramientas necesarias para dialogar con el oficialismo cuando el panorama esté más claro. “De mínima, queremos conservar lo que ya tenemos”, resumió un dirigente.
Desde el PRO explicaron que la felicitación a Lula no fue solo un gesto diplomático, sino también un intento de recuperar una de las marcas históricas del partido: la capacidad de manejar relaciones internacionales y defender intereses nacionales por encima de diferencias ideológicas.
“Al país le conviene una buena relación con Brasil”, plantearon, al tiempo que cuestionaron la decisión de Milei de no reconocer el resultado electoral. En esa línea, sostuvieron que el Presidente podría mantener sus diferencias con Lula sin dejar de saludar al pueblo brasileño y sin renunciar a la cooperación bilateral.
“Podríamos haber evitado mencionar a Lula, puede ser, pero no es lo importante. Hay que seguir trabajando en la cooperación entre países”, afirmó un dirigente, y añadió una crítica a la orientación de la Casa Rosada: “El PRO no habría impulsado el tema de Malvinas por un comentario de Trump”.
La referencia apunta a una discusión que excede la política exterior. En el partido creen que deben recuperar una identidad propia frente a un gobierno con el que comparten partes de la agenda económica, pero con diferencias sobre funcionamiento institucional y estrategia política.
El mensaje no está dirigido únicamente a votantes: es una señal dirigida al círculo rojo, buscando restablecer interlocución con empresarios, dirigentes políticos y electores que acompañaron el giro de 2023 y esperan una representación diferente de la que ofrece hoy el oficialismo.
En términos prácticos, el PRO insiste en que no hay prisa por sellar un acuerdo con La Libertad Avanza. La expectativa de varios dirigentes es que las conversaciones sustantivas se pospongan hasta febrero o marzo, cuando haya más certezas sobre la economía y el panorama electoral.



