La contundente victoria de Lula da Silva en Brasil mostró las tensiones que el PRO, liderado por Mauricio Macri, mantiene con el gobierno de Javier Milei. Mientras el expresidente saludó al nuevo presidente brasileño, la Casa Rosada optó por el silencio, señal inequívoca de un malestar que va más allá de lo estrictamente diplomático y que también tocó el terreno de la libertad de prensa y la forma de ejercer el poder.
Una fuente cercana al partido afirmó que el episodio representa “un punto de inflexión” y que las diferencias con el entorno de Milei se han ampliado hacia temas institucionales y de respeto de las reglas democráticas. En ese marco, se aclaró que la defensa de la libertad de prensa es uno de los asuntos que genera mayor incomodidad en el PRO frente a las declaraciones del Presidente.
La preocupación no implica, por ahora, una ruptura con el oficialismo. El PRO mantiene coincidencias con el rumbo económico y con parte de las reformas estructurales que impulsa el Gobierno, aunque subraya que ese acompañamiento no implica aval a todas las posturas del Presidente.
El lunes, Milei evitó felicitar a Lula tras la definición electoral. En respuesta, el PRO difundió un comunicado en el que destacó la relación estratégica entre Argentina y Brasil y pidió fortalecer el diálogo bilateral. En redes, Macri se sumó al reconocimiento y expresó: “Quiero saludar al pueblo brasileño y felicitar a Lula da Silva en su cuarto triunfo electoral. Que su nuevo mandato traiga prosperidad y crecimiento para su país y también la región.”
Ese gesto marcó un contraste con Milei, que había respaldado a Bolsonaro durante la campaña y no expuso públicamente una felicitación tras el balotaje. La brecha se hizo aún más visible ante las revelaciones sobre la intervención de funcionarios argentinos en un operativo que facilitó la salida de Flávio Bolsonaro hacia Estados Unidos.
En el macrismo sostienen que las diferencias ideológicas no pueden condicionar las relaciones diplomáticas con uno de los principales socios comerciales de la Argentina. “No podemos atacar a un presidente electo por la voluntad popular ni permitir que pensar distinto genere fricción entre dos países que se necesitan mutuamente”, insistió una fuente cercana al expresidente, remarcando que, si bien hay disensos, la relación bilateral debe primar.



