Huele a espíritu adolescente es una pieza surgida del movimiento que impulsa la escuela Bravard, un espacio con casi dos décadas de trayectoria fundado por Matías Feldman y Santiago Gobernori. La obra, de marcado hiperrealismo, muestra en tiempo real a una familia que se reúne para un almuerzo dominical de Pascua y avanza hacia una transformación emocional. Actualmente se presenta por tercera temporada en la sala de Guevara 328, los domingos a las 20:15.
Con nueve actores en escena, la obra ya cumplió un año en cartel. Su origen se gestó a partir de una escena creada dentro de la propia escuela; Feldman destaca que Bravard funciona como un oasis y una usina creativa. Esta es la primera producción que sale del marco institucional de la escuela y, aun así, consigue sostenerse en la cartelera como cualquier otra obra. La dramaturgia es colectiva, con supervisión de Feldman y Gobernori.
Existe un movimiento creativo propio de la comunidad de Bravard que facilita a estudiantes y exestudiantes un espacio para ensayar sin costo, siempre que la propuesta convenga con la agenda. Luego, en las funciones, no importa si el recinto está lleno o vacío: se mantiene la temporada prevista y se puede sostener lo que se proponga. Feldman subraya que Bravard es una plataforma para quienes están empezando, un espacio “amigable” para las primeras experiencias y, incluso, para proyectos posteriores.
Huele a espíritu adolescente se distingue de otras obras dirigidas por Feldman, ya que se aleja del tono críptico o experimental de sus conocidas pruebas. Dirigir a un elenco mayoritariamente integrado por exestudiantes obliga a explorar otras zonas de la puesta en escena. El reparto está integrado por Ana Azcurra, Miranda DI Lorenzo, Rodrigo Gallardo, Emanuel Gomez, Ezequiel González Chiara, Florencia Mazza, Gonzalo Peluso, Josefina Perichinsky y Carola Picasso.
Feldman expresa que le gusta incomodarse y trabajar con un realismo bien hecho, que sea complejo y con múltiples capas, al mismo nivel de las obras que busca en su trayectoria.
La escena central reúne a nueve personas alrededor de una mesa larga durante el domingo de Pascua; como ocurre en muchas reuniones familiares, la tensión va en aumento y la ausencia domina la dinámica. La ausencia está vinculada a una canción de Nirvana que da título a la obra. El director comenta que toda familia funciona con dolores, verdades no dichas, discusiones y amor; incluso las dinámicas más extremas pueden parecer normales si se observa de cerca a una familia.
Quien dirige la obra viene de comandar Reverso en el teatro comercial, su primera experiencia en ese ámbito.



