Marcos Di Battista llegó a México en 2009 con experiencia en coordinación de visitas de egresados y trabajo en un boliche; su hermana ya residía allí y, ante un escenario en Argentina que no le ofrecía lo que buscaba, decidió intentar fortuna en el país vecino. A LA NACION, relató que los comienzos fueron extremadamente duros: no poseía título universitario y las perspectivas laborales en un formato corporativo eran prácticamente nulas, por lo que terminó aceptando trabajos modestos para sobrevivir.
Su primer empleo fue como cadete en una agencia de viajes y, durante meses, el dinero apenas alcanzaba para el alquiler: incluso pasó días sin comer. Todo cambió cuando un compatriota que manejaba una discoteca lo contrató y terminó supervisando la operación como gerente, enfocándose en relaciones públicas y la organización de eventos. Con esa base, arrancó su proceso de emprendimiento, que tuvo altibajos notorios: abrió un restaurante de ensaladas que cerró y luego una parrilla que tampoco funcionó.
A pesar de los fracasos, Di Battista decidió no volver a Argentina y siguió probando suerte. En 2015 convirtió un local en Comedor Lucerna, proyecto que actualmente se está reacondicionando en un espacio dedicado a carnes argentinas. Dos años después abrió Comedor de los Milagros, un patio gastronómico latinoamericano que se ha convertido en uno de los hitos de la colonia Roma Sur, en la Ciudad de México.
Paralelamente, comenzó a vislumbrar que su verdadera oportunidad pasaba por otro rubro. En vez de mantener el rol de dueño exclusivamente, se animó a cruzar la barra y trabajar como bartender. “Hice el camino inverso: de dueño a bartender”, comentó. Empezó a participar en concursos de coctelería y logró ganar en 2016 y 2017. Uno de los certámenes, organizado por Torres Brandy, le permitió viajar a Barcelona y ese viaje resultó decisivo para su acercamiento profundo a la industria de destilados y técnicas que, hasta entonces, estaban más asociadas a la alta cocina que a una barra.
Entre 2018 y 2019 amplió su visión: viajó a Londres para otra premiación y, en febrero de 2019, junto a Rodrigo Urraca, inauguraron Handshake Speakeasy, un bar escondido detrás de una puerta que recuperaba la estética de los bares clandestinos de antaño. El proyecto enfrentó un golpe severo a raíz de la llegada de la pandemia: perdieron el local original y debieron empezar prácticamente desde cero, conservando el nombre y diez botellas para volver a levantarse.
Con el paso del tiempo, apareció un nuevo personaje clave en la historia de este emprendimiento, que marcó un nuevo rumbo para Handshake Speakeasy y su equipo, que continúa buscando consolidarse en la escena internacional.



